Decorar un interior: la coherencia antes que el efecto

Actualizado: 21 oct
Un interior bonito no se reduce a una acumulación de cosas bonitas. Lo que impresiona al entrar en un espacio logrado es una sensación de evidencia: todo parece estar en su sitio. Esa sensación se construye, estancia tras estancia.
Partir de la luz
Antes de elegir un color o un mueble, hay que observar la luz: de dónde viene, a qué hora, con qué intensidad. Un mismo tono cambia por completo entre una estancia orientada al norte y otra orientada al sur.
Una paleta reducida
Tres o cuatro tonos que dialogan entre sí bastan a menudo para dar carácter a toda una casa. Una paleta reducida crea continuidad de una estancia a otra y deja respirar los volúmenes.
Los materiales dan carácter
Madera, piedra, lino, latón, cerámica: son los materiales los que dan profundidad a un interior. Envejecen bien, adquieren pátina y cuentan una historia que las imitaciones no cuentan.
Pocos objetos, bien elegidos
Un objeto que se quiere, bien presentado, vale más que diez objetos que ya no se ven. El vacío forma parte de la composición; da importancia a lo que queda.
El uso antes que el estilo
Una estancia debe ante todo funcionar bien: circulación, almacenaje, iluminación, confort. El estilo viene después a vestir ese uso. Un interior pensado así sigue siendo agradable mucho después de que cambien las tendencias.
Decorar es, al fin y al cabo, tomar decisiones y mantenerlas. La coherencia exige paciencia, pero es la que da a un lugar su elegancia duradera.
— Jean Cardelli
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