Las lenguas y el derecho: la escuela de la precisión

Actualizado: hace 10 horas
Estudié lenguas y derecho en Francia. Aquellos estudios fueron un orgullo para mis padres, que no eran franceses y que sabían mejor que nadie lo que significa dominar una lengua y sus reglas.
Dos disciplinas, una misma exigencia
En apariencia, nada tiene que ver un ejercicio de traducción con un comentario de sentencia. En realidad, ambos enseñan lo mismo: el sentido depende a menudo de una sola palabra. Un término mal elegido traiciona un pensamiento; una coma desplazada puede cambiar el alcance de una cláusula. La precisión no es aquí una coquetería, sino una forma de respeto.
Comprender lo que no se dice
Hablar la lengua de alguien es aceptar entrar en su manera de pensar. Una traducción exacta no siempre basta: hay que captar también el contexto, los usos, lo que queda implícito. Los viajes de mi infancia me habían preparado para ello; la universidad me dio el método.
Lo que queda hoy
Esta exigencia me acompaña en cada una de mis actividades, ya se trate de diseñar un sitio web o una aplicación para un cliente en el extranjero, o de dirigir mi holding inmobiliario. El cuidado de la palabra justa y de la regla bien entendida sigue siendo, para mí, la base de toda relación de confianza.
— Jean Cardelli

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